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Dedico muchas horas a realizar planes de entrenamiento. En uno de mis post recientes publicaba un gráfico con las estrategias para un corredor de fondo y llevo desarrollando este tipo de planes durante años. Sin embargo, una de mis experiencias más enriquecedoras como entrenador, el entrenamiento de Cristina Jordán, me permite ir aprendiendo mucho más sobre el tema.

El plan de entrenamiento es un elemento flexible

Ayer mismo debíamos hacer (según mi plan) un entrenamiento interválico a ritmo de 10k. Veníamos de una semana con mucha carga de entrenamiento, con un viaje en medio, tras un entrenamiento de fuerza muy intenso el día previo y con una noche con menos horas y peor calidad de sueño de lo normal. Nos levantamos, le digo el entrenamiento, Cristina se pone las zapatillas y se dispone a salir. La noto rara. Le pregunto si está bien, si está cansada de ayer. Me dice que no, que está bien y que si acaso va un poco más lento si no se encuentra al 100%. Insisto, le vuelvo a preguntar si se encuentra bien. Me responde que sí, que puede entrenar. No me convence, la siento en el sofá, me pongo a su lado y le pregunto por tercera vez. La respuesta es la misma, pero su voz se entrecortada, nerviosa, medio llorosa, como a un niño cuando acaban de pillarle haciendo una travesura, le delatan. Le digo que no, que no está bien, que hoy no está para hacer el entrenamiento.

Si hay algo que define a Cristina, para bien o para mal, es que es una persona transparente y cristalina. Miente muy mal. Se le nota a la legua. Con el tiempo he aprendido a conocerla incluso mejor que ella misma. Pueda o no, su cabeza siempre le dice que debe cumplir con el plan. Su disciplina, compromiso y ganas de mejorar son tales que muchas veces nos han llevado a cometer errores. Ayer su cuerpo no podía y tuve que convencerla, no sin oponer ella resistencia, para descansar.

Un plan de entrenamiento no es más que una mentira

Una mentira necesaria, pero mentira al fin y al cabo. Es una predicción, un constructo, una idea en la cabeza de una persona ajena al cuerpo al que se somete. A veces, la obsesión por cumplir el plan de entrenamiento nos conduce a violar el principio más sagrado del entrenamiento: el principio de individualización. Los planes son necesarios, pero lo que importa no es el plan, sino el atleta.

Habrá personas con una mentalidad diferente a los que quizá haya que exigirles que se ciñan al plan, pero en el caso de Cristina su obsesión por entrenar hace que la estrategia tienda más a echar el freno de mano que a exigirle más. Su frase cuando le he dicho que hoy tocaba descanso ha sido: «Es que correr es como una droga». Por suerte, tras muchos años de problemas, de enfermedades, de errores, de lesiones, sé a la perfección cuándo debe entrenar y cuando no. Y ella también lo sabe, aunque su cabeza no lo acepta a la primera. El día que se levanta sin ganas de entrenar, es que algo malo pasa en su cuerpo. Siempre que ha entrenado en estas condiciones ha desembocado en fatiga, enfermedad o lesión. Ella es así. Por eso hemos tomado una estrategia que nos funciona muy bien: el día que tenemos dudas sobre entrenar o descansar, DESCANSO SIEMPRE.

En cambio yo, muchos días que no tengo ganas de entrenar me salen entrenamientos fantásticos (a mi nivel). Por eso insisto, respetar la individualidad el la clave para llegar al rendimiento óptimo.