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Aunque ayer no corrí en el Maratón de Madrid, lo cierto es que me di una buena pateada a la ciudad, siguiendo el recorrido y observando a mis corredores (los que conseguí localizar) y a los miles que pasaron frente a mis ojos. Hoy, ya en frío, ha sido un día de llamadas, correos y conversaciones sobre la historia de cada uno en este particular reto. Como entrenador, no puedo estar del todo satisfecho ya que pocos de los corredores consiguieron ayer sus objetivos cronométricos. Sí, que Madrid tiene un recorrido duro y todo eso, pero ya contábamos con ello. Por tanto, algo de responsabilidad hay en mi trabajo.

Algunos finishers del Maratón de Madrid 2014

No eres un auténtico runner si no te has hecho una foto con Shinichi Sasaki

Sin embargo, existe algo que hace que me siga enamorando y llenando por completo mi trabajo, y es ver las expresiones de felicidad de la gente al cruzar la meta. Personas que se han estado preparando específicamente para este reto, que han tenido que renunciar a cosas para poder entrenar, y aunque sea su hobby, un maratón requiere un poco más de sacrificio que otras pruebas. Y no todos lo han tenido fácil: trabajos exigente, responsabilidades familiares, horarios infernales… Pero hablando con ellos sólo he escuchado palabras de felicidad por llegar, satisfacción por todo ese trabajo que hay detrás y gratitud hacia mí por acompañarles en ese duro camino. Y me sorprende, porque cuando alguien pone tu confianza en ti para conseguir sus retos lo normal sería sentirse decepcionados con tu trabajo si no se alcanzan.

No sé si el azar me habrá conectado con gente especialmente buena o que en general los valores de los runners son precisamente esto. Sea como sea, me siento muy afortunado de trabajar con todos ellos, y desde luego no dejo de admirarles por su esfuerzo, disciplina y generosidad. Sin lugar a dudas, me llevo mucho más de lo que ellos se llevan conmigo.