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Desde el año 2006 he entrenado a niños de varios clubes deportivos. Primero en el Lleida U.A. durante mis estudios de Educación Física y Deporte, y posteriormente en Madrid, primero con los triatletas del Club Kalamos y ahora con los atletas del Club de Atletismo Arroyomolinos.

Trabajar con niños es una actividad que por una parte consume mucha energía, ya que ellos necesitan ritmo, intensidad, diversión, alegría, y tú lo tienes que dar en cada minuto del entrenamiento. Pero por otra parte es tremendamente grata, ya que si algo tienen los niños es la sinceridad y una capacidad de aprendizaje tremenda. Y cuando ves que lo están pasando bien, puedes estar seguro de que lo han pasado bien. Y al contrario. Además, los progresos son tan rápidos y evidentes que no puedes evitar sentir satisfacción cuando observas los cambios que se van produciendo en ellos. Es maravilloso verlos crecer y formar parte de ese desarrollo.

Pero el entrenamiento infantil no es una broma, no se trata de mantenerlos entretenidos un rato, un club deportivo no es una guardería y, por tanto, como cualquier atleta tienen sus objetivos. Un error bastante común entre monitores y entrenadores es confundir los objetivos de los niños con los que pudiese tener un adulto o, peor aún, utilizar a los niños como calmante de tus frustraciones o como alimento de tu propio ego.

Lo he dicho siempre y lo sigo pensando, que cualquiera puede tener un campeón de España infantil o cadete, tan sólo hay que machacarlos un poco, esperar que te salga alguno lo suficiente motivado, con un mínimo de talento y unos padres un poco ignorantes y… ¡voila! campeón al canto. Al estar en fase de crecimiento, con un sistema hormonal hiperactivo, los niños son capaces de aguantar grandes cargas y aumentar sus capacidades de manera brutal. El problema de esto tiene una triple vertiente:

  • Provocas un agotamiento de sus reservas de adaptación. A pesar de que de en categoría Infantil o Cadete sea un campeón, habrá hipotecado su futuro ya que rara vez alguien en el Atletismo (ojo, no en otros deportes) continua una progresión cuando se le especializa y sobreentrena prematuramente.
  • Provocas burnout psicológico. Cuando se abandona el juego y se utilizan los aburridos y monótonos métodos de entrenamiento, cuando al atleta sólo se le valora por su competitividad, cuando se acostumbra a ganar y ganar, y si encima deja de realizar actividades propias de su edad por entrenar y competir, tan sólo hay que esperar a que llegue a una fase de adolescencia avanzada para que termine «quemado» de su deporte. Y, si no, los propios resultados al ir subiendo de categoría ayudarán a que esto suceda. Cada vez necesitará más entrenamiento (cuando ya estaba entrenando mucho) para mejorar menos que sus compañeros y rivales (recordemos que ha agotado sus reservas de adaptación y el resto no). Un chico que sólo conoce la victoria difícilmente tolera ir empeorando sus resultados cuando a pesar de estar esforzándose cada vez más.
  • Abandonas ciertos aprendizajes que le pueden ser útiles en un futuro. La especialización temprana tiene le problema de que se dejan de lado habilidades básicas que en un futuro le puedan servir. Con 8, 10, 12 años no podemos considerar que el destino de un chaval sea nuestro deporte, por eso la preparación infantil debe ser general y variada, para dotarle de las habilidades que le puedan servir de base para cualquier deporte y cualquier actividad en su vida.

No he comentado aquí que, aparte de estos problemas para el campeón prematuro, existen unos daños colaterales. Y es que con esta manera de entrenar, para sacar un campeón tienes que dejar por el camino a 100 niños más, que ni son campeones ni quieren serlo. Que tienen la voluntad y el derecho de aprender y pasarlo bien, y no de ser fustigados cada día con series, rodajes ni entrenamiento extenuantes. Los niños no son adultos en pequeño.

Por tanto, entrenar a grupos de deportistas infantiles requiere una gran responsabilidad, una buena formación y un carácter que te permita conectar con ellos. Creo que siempre es mejor quedarse corto que excederse en el entrenamiento con niños. A poco que entrenen, su desarrollo será el adecuado y el que tiene talento y madera de campeón igualmente lo sacará en el futuro. Eso ni se pierde ni se olvida. Y el que no podrá gozar de una experiencia divertida y formativa.

Por último, hay que aclarar que ganar no es malo, lo importante es el cómo. En categorías menores los que ganan lo tienen que hacer por puro talento y no por entrenamiento forzado. Y sobre todo, mantener los pies en la tierra de los niños y de sus padres.

¿Y vosotros que hacéis con vuestros pequeños atletas?